El Betis perdió este sábado en casa por 0-2 ante un Athletic de Bilbao con goles de Raúl García y de Feddal en propia puerta en un encuentro marcado por la expulsión de Jordi Amat y por la actuación del árbitro. Ambos marcaron el encuentro y desquiciaron durante parte del mismo a los andaluces. Por primera vez en la temporada el Betis repetía once. Feddal y Mandi como centrales y Amat de pivote a pesar de tener los tres cuatro amarillas. Y el Betis salió mandón, intenso y agresivo. Durante 25 minutos el partido fue suyo y tuvo varias ocasiones de gol. Las más claras fueron para Camarasa en un tiro al palo y un gol fantasma –de nuevo- en una jugada a balón parado de Joaquín. El Athletic intentaba sin éxito igualar la agresividad de su rival y por momentos se veía superado por los verdiblancos. En un saque de esquina a favor de los vascos, el partido cambió. Un forcejeo entre Amat y Laporte en donde este último da un golpe al bético. Amat contesta con un empujón y una patada que no impacta en Laporte, quien se tira al suelo quejándose de no se sabe qué. El colegiado entiende que ha habido una agresión. Penalti y expulsión. Es discutible debatir sobre si la roja es roja o no. Lo indiscutible es la actitud infantil de Amat. Gol de Raúl García y a remar durante 50 minutos con uno menos. Si infantil fue la actitud de Amat, el Betis se contagió de la misma. Durante gran parte de la segunda mitad a los verdiblancos se les veía desconcentrados, como si su partido fuera con el árbitro y no con el Athletic, quien acumulaba ocasiones pero no las metía, balón al palo inclusive de Raúl García. El Betis se reenganchó al partido con una oportunidad para Sergio León. El de Palma también fue objeto de un penalti que el árbitro no señaló y que de haber sido pitado, seguramente hubiese ido acompañada de otra tarjeta roja para el central del Athletic. En uno de los innumerables ataques del Athletic, Feddal primero pidió un fuera de juego que no era y después remató en su portería un centro sin peligro. 0-2 y partido acabado. Y pensar que cuatro días antes algunos habíamos hablado bien de Amat. Qué ilusos somos…

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