En tiempo de Cuaresma, contamos la historia de un “armao” de la Macarena y sus vivencias…
Aunque por su nombre, más bien se piense que hablamos de un extranjero afincado en sevilla, éste no es el caso. Nacido en el corazón mismo del barrio de la Macarena, en su hospital de las cinco llagas (hoy sede del parlamento de Andalucía), Ricardo Diaz Fonseca, “Richard” para siempre y desde niño, es Macareno. Un macareno criado a la vera del arco y que con el devenir de los años se convirtió en armao de la macarena, uno de esos lujos difícilmente alcanzables en ésta Sevilla nuestra.
Richard le llega el gusanillo ese de las plumas gracias a un tio suyo, Jesús Fonseca, que perteneció a la misma durante 22 años. Desde muy joven comienza a acompañar a los armaos allá donde ellos vayan, ya sean misas, convivencias, actos en favor de la asistencia social de la hermandad……y colabora con ellos en todo lo que el gran “Pepe el pelao” requiera de su tropa, siempre en un segundo plano y con la discreción que un aspirante a de tener siempre y en todo lugar.
Su bautizo como armao de pleno derecho en la centuria le llega en la primavera de 1988, por lo cuál acaba de cumplir “sus primeros treinta años” de pertenencia a tan envidiado cuerpo. Con otro gran capitán, Pepe García, le llega la hora de dejar la escolta del capitán, en la que estuvo cinco años, y ascender (porque en la centuria se asciende) a la escuadra de gastadores, el auténtico “corps de élite ” de la roma macarena, grado éste conferido por los propios armaos macarenos.
Cuando a Richard se le pregunta por un momento de esos de pellizco, de los que no cambiaría por nada en el mundo…….duda un momento pero enseguida se repone, levanta orgulloso la cabeza y asegura : “el cuarto de hora en san Lorenzo”. Se refiere a la visita que los armaos de la macarena hacen todos los jueves santo por la noche, a eso de las 11, al señor de Sevilla. aquél, en palabras de Antonio burgos, “que hace llorar a las legiones de Roma”.
Hurgando más en la leve llaga del recuerdo, Richard afirma sin dudar que otro momento incomparable, por su Macarenismo puro y por su medida intimidad, es la entrada en la basílica de la Macarena el viernes por la mañana, con esas dos vueltas al interior del templo cuando el señor de la sentencia, acabada la estación de penitencia, es testigo de la rendición de roma y del absoluto poder de lo macareno. decimos medida intimidad porque el público queda de rejas afuera, y a la centuria la aplauden, jalean y animan sus nazarenos, sus costaleros, sus monaguillos, sus capataces y auxiliares…..todo el personal que colabora en la madrugada eterna de Sevilla con la hermandad de la Macarena.
A la hora de volver a casa, treinta y tantas horas después de haberse vestido de armao, Richard vuelve la cabeza hacia la espadaña de la basílica. ese puñado de horas, desde la guardia de honor muy de mañana, hasta el último abrazo a cualquier compañero, pasan en sólo unos segundos por su mente. y Richard, un año más, se siente orgulloso de haber cumplido su deber : dar testimonio de fe y haber llevado a Sevilla ni más ni menos que el mensaje de la Esperanza.
Cada semana en Onda Capital desde el restaurante Montolivo: pueden escuchar estas historias y anecdotas en el programa de “Tradiciones Sevillanas” dirigido y presentado por Paco Perez Estepa. Cada miercoles de 14.30 a 16.00 contamos la magia, duende y esencia de la ciudad de Sevilla para que no se pierdan por los callejones de la memoria.

Dejar respuesta