El Real Betis Balompié vive en una mediocridad de la que nadie sabe si saldrá algún día, y eso es algo tan evidente que se ve en Heliópolis, en China y hasta en Sevilla Este, que ya es decir. La mayor ejemplificación de club que no tiene ningún tipo de ambición se vio ayer en Riazor con Víctor Sánchez del Amo, un entrenador que venía para acercar al equipo bético a su objetivo, y que además de no lograrlo está superando de puntillas los números de Gustavo Poyet. Sánchez del Amo llegaba a Sevilla después de ser despedido en A Coruña y en Grecia, lugares donde además ya se veía que es un entrenador muy defensivo tácticamente, pero que a la hora de atacar va justito, justito. También venía con la losa de haber dirigido casi sesenta partidos, y no haber sido capaz de remontar ninguno de ellos. Empezó muy fuerte en casa con varias victorias y un empate contra el FC Barcelona, y ese efecto se fue diluyendo con los empates frente a Sporting y Valencia, y quedó totalmente borrado tras perder contra el eterno rival en casa y contra la Real Sociedad posteriormente. Fuera de casa, perdió todos los encuentros excepto el partido de Málaga, un partido donde debe dar gracias a los regalos de la defensa malacitana y que le permitió al Betis remontar el choque, porque  de haberlo perdido habría sido un ultimátum más si tenemos en cuenta las extrañas decisiones de dejar fuera a varios titulares indiscutibles y fuera de la lista a Rubén Castro. En partidos como el del Barça o el del Sevilla, la etiqueta de defensivo se veía venir ya que a pesar de tirar muy arriba la presión y adelantarse en el marcador, después echaba el equipo hacia atrás acumulando jugadores. Una estrategia que como se vio posteriormente, no tuvo ningún efecto en ninguno de los dos partidos. La primera parte contra el Dépor fue un horror. Era triste ver como el Betis salía con cinco defensas y otro central como es  el nuevo Ndiaye, Ryan Donk, -habría que darle las gracias a Poyet por cargarse al mejor centrocampista que tenía el Betis el año pasado- en el medio. Los verdiblancos buscaban la salida a la contra cuando podían con Brasanac, Ceballos y Sanabria, ya que los carrileros tenían más trabajo hacia abajo que hacia arriba. Unas contras que generaban escaso peligro debido a lo solos que estaban los tres frente a la defensa gallega. Aun así, tras el descanso Víctor cambió al todopoderoso en no-se-sabe-muy-bien-qué Donk para dar entrada a Petros. Cuando ya el bético se esperaba a Joaquín y Rubén Castro en el campo para darle otro color al partido llegó el gol de Piccini, y nuevamente el equipo se echó atrás, con decisiones añadidas desde el banquillo como sacar a Rafa Navarro y Álex Martínez para jugar con dobles carrileros por ambos costados (regla futbolística: no por jugar con más defensas vas a jugar mejor). Es cierto que Ceballos tuvo el 0 – 2 y que la jugada del penalti es rigurosa, pero ayer la moneda de la fortuna cayó en contra del equipo que acabó el encuentro con siete defensas. Siete defensas contra un equipo que en la clasificación va por debajo de ti, un equipo que tiene a Andone, que no es Benzema ni Luis Suárez, Andone. ¿Y se están planteando mantenerlo de cara al año que viene? No hay palabras, solo hechos.

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