La gota que colmó el vaso. Ayer el beticismo volvió a alcanzar su máximo grado de enfado con la plantilla, con el cuerpo técnico y con la directiva que forman la institución del Real Betis Balompié. Ese 4 – 0 en Butarque contra el Leganés ha provocado una movilización en las redes sociales de los béticos que va a desembocar en una “protesta pacífica” el próximo domingo 14 de mayo en el estadio Benito Villamarín en la previa del partido contra el Atlético de Madrid, último partido en casa del presente curso. Los números hablan claro. Y estos datos señalan a Ángel Haro como el peor presidente del Real Betis Balompié en lo que llevamos de siglo. Peor que Lopera, su ogro por el que compite por hacerse con el mando del club verdiblanco. Y peor que presidentes tan efímeros en La Palmera como Guillen o Domínguez Platas. Pero no solamente queda señalado por los datos. También lo hace por sus actos. Ángel Haro propinó una rajada contra sus futbolistas y su entrenador nada más acabar el partido. El seguidor verdiblanco se pregunta dónde estaba Haro en la mayoría de partidos que su equipo disputaba a domicilio, ya que el mayor dirigente que representaba al Betis en estos partidos era su número dos y vicepresidente José Miguel López Catalán. Pero no solamente hacia el palco apunta el beticismo. Apunta hacia la mediocridad en el banquillo: Antonio Tapia Garrido, Calderón, Velázquez, Poyet, Sánchez del Amo son algunos ejemplos de cómo entregarle algo tan valioso como es el Betis a alguien que ha demostrado no estar capacitado para sentarse en el banquillo del Benito Villamarín. El bético explota al ver que se promete exigencia y recibe como respuesta la continuidad de un proyecto que en ninguna sola jornada ha estado ni dentro del objetivo, ni tan siquiera cerca. Y también se señala hacia el césped. Se exigen jugadores que den la cara partido tras partido, que se dejen el alma por el escudo que se representa. Ver a jugadores como Álex Martínez, Jordi Figueras, Ustaritz, Pavone o Damiao, jugadores que han defendido la camiseta bética en los últimos tiempos, es un verdadero insulto para la entidad que en otros tiempos vio jugar a Gordillo, Oliveira o a Cardeñosa. Cuando se busca un objetivo y no se consigue, como consecuencia se toman decisiones que acaban propiciando fuertes cambios. Pero en el Betis no hemos visto nada: ni en el palco, ni en el banquillo (menos mal que por la presión de la afición Víctor Sánchez del Amo no va a seguir) y en la plantilla pocos cambios van a haber. Ya se ha acabado la liga, y a falta de hechos, los béticos buscan responsabilidades el próximo domingo a las seis y media en el Benito Villamarín.

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