Nasri: ¿Quién te ha visto en octubre y quién te ve ahora?

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El ocaso de una estrella renacida. Fuente: as.com

A escasas 48 horas de la finalización del mercado de fichajes estival de la temporada 2016/2017 aterrizó en Sevilla un futbolista francés de origen argelino que años atrás fue renombrado como el “Nuevo Zidane”. Es el mediapunta Samir Nasri, un futbolista de un talento innato para jugar al balompié, pero que venía rebotado a Nervión tras una venta a última hora del ucraniano Yevhen Konoplyanka. Iba a ser su sustituto tras un enfrentamiento por la titularidad entre el eslavo y el técnico Jorge Sampaoli, que decidió que no iba a cumplir con las altas exigencias del extremo.

Nasri llegó a San Pablo como de un rapero del Bronx se tratase. Venía a “recuperar su carrera” tras unos años irregulares en del Manchester City después de asombrar a Europa en el Olympique de Marsella con sólo 19 años y triunfar en el Arsenal de Arsene Wenger. Fue una aoperación “made in Monchi”: futbolista de un talento fuera de toda duda, sin minutos en su equipo y de malos antecendentes extradeportivos, cuyo precio de mercado bajaba a mínimos. Un momento ideal para recuperarlo para la causa a través de la gran estructura deportiva y humana de la entidad.

Y así fue, Nasri fue poco a poco entrando en los planes de Sampaoli y le quitó el puesto de la dirección del equipo a Franco Vázquez. No sólo heredó el 10 de Konoplyanka, sino que lo ejercía como tal. Repartía el juego de lado a lado, tocaba haciendo paredes con sus compañeros, pases al hueco casi invisibles al ojo medio, eslalons espectaculares, dominio del balón parado…y lo más importante: la pelota era suya. Junto a N’Zonzi ha conformado el juego del Sevilla FC de la 2016/2017. Llegando a promediar más de 100 pases por encuentro con un 90% de acierto. Su primera vuelta fue para enmarcar y se convirtió en uno de los mejores mediocentros de toda Europa.

El francés se quería quedar en el Sevilla. El clima agradable, el papel protagonista en el juego, el ser un líder en uno de los mejores clubes de España y un buen salario le permitían ilusionarse de nuevo. Puso hasta en venta su mansión de Manchester y presionaba mediante entrevistas al City para negociar. Mas todo se torció. El Sevilla se negó en navidades a pagar los 25 kilos que le pedía el City y los más de 7 millones de euros de salario que cobra el francés, y más por un futbolista de casi 30 años. Iba a ser una operación, que en caso de error, supondría un riesgo económico para la entidad.

Y Nasri se desilusionó. A pesar de rendir el equipo en enero y febrero, el francés poco a poco perdió la chispa. Cada vez era menos protagonista y ralentizaba exageradamente el juego. El Sevilla dejó de arrollar la portería rival y la estrella de Nasri se apagaba. Así volvió a las andadas. Cuentan numerosas fuentes orales cercanas al club que el francoargelino se pasea por la noche sevillana como Pedro por su casa y que lo peor de todo…con ello ha arrastrado a su mejor amigo dentro del vestuario: a N’Zonzi.

Por ello no es de extrañar el enorme bajón de rendimiento de la pareja sevillista más creativa, fomentando el bochornoso mes sin ganar del equipo de Sampaoli. 6 partidos, una eliminación de Champions, pérdida de un tercer puesto casi ganado y lo más importante…la ilusión de la afición. Suerte que el Club ha dado un golpe de timón a tiempo: futbolistas como Vázquez, Iborra o Correa han reclamado un mayor compromiso a Nasri y sobre todo, un justo reparto de minutos a Sampaoli a los jugadores más comprometidos con el club.

El sábado de Pasión el casildense les hizo caso, y el Sevilla volvió a golear siendo ese equipo tan vertical. Como Castro, Sampaoli escuchó las demandas de la afición. Y tras la vuelta del Biris, y el regreso de los auténticos profesionales al equipo, el sevillismo volvió a ganar, Sólo falta que Nasri se una para volver a ser el de octubre. N’Zonzi ya lo ha hecho…

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