El Sevilla FC logró una victoria de enorme valor ante la Real Sociedad en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Un gol de Alexis Sánchez en el inicio de la segunda parte permitió al conjunto de Luis García Plaza imponerse por 1-0 y abandonar provisionalmente los puestos de descenso en una noche de máxima tensión en Nervión.
El Sevilla necesitaba ganar. No le valía el discurso, ni la mejora, ni las sensaciones. Solo servían los tres puntos. Y los consiguió. Con sufrimiento, con ansiedad, con un Pizjuán encendido y con un gol que puede valer mucho más que una simple victoria.
La Real Sociedad llegaba a Sevilla con menos urgencias clasificatorias, pero con calidad suficiente para castigar cualquier error. Sin embargo, el equipo nervionense entendió desde el primer minuto que la noche exigía carácter. El Sevilla presionó, empujó y fue acumulando llegadas, aunque volvió a mostrar esa falta de claridad que tanto le ha penalizado durante la temporada.
En la primera mitad, Chidera Ejuke fue uno de los futbolistas más desequilibrantes. El nigeriano agitó el costado izquierdo, encaró, generó peligro y obligó a la defensa realista a vivir incómoda. También lo intentaron Isaac Romero, Gudelj, Vargas y Maupay, pero el marcador no se movió antes del descanso. Según el directo de AS, el Sevilla se marchó al vestuario con diez disparos por ninguno de la Real Sociedad en la primera parte.
La segunda mitad arrancó con movimiento decisivo en el banquillo. Luis García Plaza dio entrada a Alexis Sánchez por Isaac Romero. Y el chileno tardó muy poco en justificar el cambio. En el minuto 49, una acción de Neal Maupay acabó con el balón en zona de remate para Alexis, que definió con la experiencia de los grandes delanteros para batir a Remiro y hacer estallar Nervión. El tanto fue confirmado por varias crónicas del encuentro como el único gol del partido.
A partir de ahí, el Sevilla tuvo que jugar otro partido. Ya no era solo atacar. Era resistir. Era gestionar el miedo. Era controlar los nervios de un equipo que sabe que cada error puede tener consecuencias enormes. La Real Sociedad trató de reaccionar con la entrada de Kubo y Óskarsson, y encontró alguna llegada peligrosa, especialmente en un centro que no llegó a rematar Oyarzabal y en una acción posterior de Barrenetxea. Pero el Sevilla se sostuvo.
También hubo polémica. Agoumé llegó a marcar el posible 2-0, pero el tanto fue anulado por fuera de juego. La acción dejó dudas y mantuvo el partido abierto hasta el final. El Sevilla, obligado a sufrir, terminó defendiendo una renta mínima con más corazón que comodidad.
La victoria cambia el estado de ánimo. No soluciona todos los problemas, pero sí devuelve aire a un equipo que estaba metido en una situación límite. El Sevilla sale provisionalmente del descenso y mete presión directa a sus rivales por la permanencia. En una Liga apretada por abajo, este triunfo puede convertirse en una de esas noches que se recuerdan cuando se hacen cuentas al final de la temporada.
El Pizjuán volvió a ser decisivo. La afición entendió la dimensión del partido y empujó como en las grandes noches europeas. Esta vez no había título en juego. Había algo mucho más básico y mucho más urgente: seguir vivo en Primera División.
El Sevilla ganó porque fue más intenso, porque compitió mejor y porque encontró en Alexis Sánchez el golpe de veteranía que necesitaba. La Real Sociedad, por su parte, volvió a mostrar una versión gris tras la conquista de la Copa del Rey, con poca profundidad y escasa amenaza ofensiva durante buena parte del encuentro.
Nervión respira. El Sevilla también. Pero la permanencia sigue sin estar hecha. Quedan finales. Y esta, al menos, la ganó.
