El Betis salió vivo de Braga cuando peor pintaba la noche. Empató 1-1 en la ida de los cuartos de final de la Europa League después de un partido incómodo, espeso por momentos y muy exigente desde el inicio. El conjunto verdiblanco encajó demasiado pronto, sufrió en la primera mitad y solo reaccionó de verdad tras el descanso, cuando encontró algo más de energía, profundidad y colmillo. Un penalti transformado por Cucho Hernández evitó un paso atrás mayor y dejó la eliminatoria abierta para resolverla en La Cartuja.
El arranque fue un golpe seco para los de Pellegrini. Braga mordió desde el principio, jugó con ritmo, ocupó bien los espacios y encontró premio en el minuto 4 con un remate de Florian Grillitsch que puso cuesta arriba el encuentro para los sevillanos. A partir de ahí, el Betis tardó en asentarse. Le costó enlazar posesiones con sentido, perdió demasiados duelos en la zona ancha y dio la sensación de ir siempre un segundo por detrás de un rival más intenso y más cómodo en el contexto del partido.
La primera parte dejó más dudas que certezas en el cuadro bético. Braga le discutió el balón, le cerró caminos interiores y le obligó a jugar lejos de donde realmente hace daño. Pau López apareció cuando el guion amenazaba con torcerse aún más, y el Betis apenas dejó pequeños destellos, demasiado poco para un equipo que quiere seguir haciendo historia en Europa. El 1-0 al descanso incluso pudo parecer corto para lo que se había visto sobre el césped.
Tras el intermedio, Pellegrini movió piezas y el partido cambió ligeramente de color. La entrada de Antony dio otra velocidad al ataque y Abde empezó a encontrar metros para correr. Sin que el Betis llegara a gobernar del todo, sí logró sacudirse parte de la pasividad de la primera mitad. Empezó a parecer más peligroso en las transiciones y a meter al Braga en algún problema que antes no tenía.
El empate nació precisamente ahí, en un ataque con algo de vértigo. Abde ganó la acción dentro del área, forzó el penalti y Cucho Hernández lo convirtió con personalidad en el minuto 61. Fue el premio a una reacción más anímica que brillante, pero suficiente para cambiar el decorado de una eliminatoria que parecía inclinarse hacia Portugal. El delantero colombiano volvió a asumir galones en un momento de máxima presión y sostuvo al Betis cuando más lo necesitaba.
Después del 1-1, el choque entró en una fase más abierta pero también más imprecisa. Braga volvió a tener fases de control y el Betis, aunque mejor plantado, siguió sin encontrar continuidad en tres cuartos. Hubo esfuerzo, oficio y resistencia, pero no una autoridad clara. Aun así, en el descuento apareció la sensación de que incluso podía llevarse más: Antony rozó el gol con un disparo que se marchó por muy poco y dejó esa mezcla de alivio y ambición con la que el Betis regresará a Sevilla.
El empate no fue una exhibición, pero sí un ejercicio de supervivencia. El Betis no firmó su mejor noche, ni mucho menos, pero supo agarrarse al partido cuando se le escapaba entre los dedos. En este tipo de eliminatorias, a veces no gana el más brillante, sino el que sabe resistir. Y eso hizo el equipo verdiblanco en Braga: resistir, corregirse a tiempo y dejar la última palabra para La Cartuja.
