En el barrio Santa Cruz (Sevilla) se encuentra una de las calles más singulares de la ciudad: el Callejón del Agua. Comienza en la Plaza de Alfaro y desemboca, tras 140 metros de longitud, en la calle Vida.

Es una calle que se encuentra pegada a la antigua muralla de la ciudad, hoy día conocida como la Muralla de la Macarena. Es decir, lo que se conoce como un adarve. El Callejón del Agua se ha conocido de diversas maneras a lo largo de los años, como “Muro del Agua”.

El segmento de la muralla que acompaña el callejón contenía en su interior dos tubos que conducían el gua de los Caños de Carmona hasta el interior de los jardines de los Reales Alcázares, de aquí su famoso nombre.

El callejón rememora una de las épocas más señoriales de Sevilla. Durante su pequeño recorrido, aunque inigualable, se pueden encontrar casas pertenecientes a tiempos más antiguos donde la ciudad comprendía una vida pasada. Recubiertas con estructuras metálicas de plantas, el callejón puede parecer un túnel en algunas zonas determinadas.

Además, es un lugar donde el valor patrimonial de la ciudad brilla por todos los rincones. Por ejemplo, a la altura de la casa número 2 se puede observar una escultura del escritor Washington Irving, enamorado de Sevilla y Granada, esta placa conmemora su estancia en el edificio mientras escribió una de sus obras más famosas, “Los cuentos de la Alhambra”.

También se puede encontrar entre los monumentos y placas, una dedicada al Marqués de la Vega Inclán, uno de los responsables de la reestructuración del Barrio de Santa Cruz.

A su vez, una vez inmersos en el mágico callejón, uno puede perderse por las zonas que colindan con la zona, como el Callejón de la Judería o los Jardines de Murillo.

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