Sevilla ha vivido una de esas jornadas que quedan grabadas en el calendario de la fe. Tras un periodo de obligada ausencia para garantizar la conservación de su policromía y estructura, la Virgen del Santo Rosario ha regresado a su Basílica. Este proceso, llevado a cabo por expertos en restauración, no solo ha devuelto el esplendor técnico a la talla, sino que ha reafirmado el vínculo inquebrantable entre la corporación y sus fieles, quienes aguardaban con fervor el reencuentro con la «Señora de Sevilla».
Un proceso de conservación técnica y devocional
La intervención, realizada bajo los más estrictos criterios de respeto a la imagen original, ha permitido limpiar impurezas acumuladas por el paso del tiempo. La Hermandad de la Macarena ha gestionado este proceso con una transparencia ejemplar, informando a los hermanos de cada avance. El resultado es una imagen que mantiene su unción sagrada pero recupera matices en su tez que los siglos habían matizado levemente.

El reencuentro: Una Basílica desbordada de fervor
Desde primeras horas de la mañana, las colas en la calle Bécquer daban la vuelta a la muralla. El regreso de la Esperanza no es solo un evento institucional, sino un motor social para el barrio de San Gil. La expectación generada en redes sociales y medios de comunicación confirma que la Macarena trasciende lo religioso para convertirse en un fenómeno de identidad cultural que atrae a miles de visitantes y devotos de todo el mundo.
